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domingo, 8 de septiembre de 2013

La decadencia del imperio



No hay imperio en la historia que no haya gestado desde sus propias entrañas, su decadencia y desaparición.

Quienes son muy jóvenes, no recuerdan la época en que Estados Unidos ponía y quitaba presidentes y gobiernos enteros en América Latina a su antojo, para lo que destinaba grandes sumas de dinero para comprar militares y entrenar soldados que dieran golpes de estado (Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Venezuela, Panamá, Chile, Argentina, Uruguay…) la mayoría de las veces "de a callado", otras, abiertamente (Grenada, Panamá…) En el caso de Costa Rica apoyaba económicamente a partidos establecidos para que éstos pusieran candidatos a su gusto y conveniencia.

Fue su iniciativa la que creo la OEA, un organismo que por años dominó la política latinoamericana bajo la jefatura estadounidense  directa o indirecta.
Con Cuba no le funcionó porque ahí tuvo que enfrentarse en plena guerra fría a una potencia como la antigua Unión Soviética que le había empezado a emplazar misiles  nucleares a unos cien kilómetros apenas de su territorio.

Así de una u otra manera se apoderó por un siglo de recursos y bienes de países latinoamericanos, africanos, orientales y dominó la política de buena parte de Europa.

Hoy, el tristemente célebre Premio Nobel de la Paz, Barack Obama,  se ha topado con una Latinoamérica, que, recuperando su independencia y dignidad, está decidida a no aceptar más sus órdenes, con una recuperada potencia como Rusia, y otra nueva: China y con un mundo en general decidido a detener sus abusos, sus crímenes y genocidios y en medio de una economía doméstica tambaleante que ha tenido que empeñar hasta parte de su tesoro nacional para enfrentar la crisis de una sociedad que pierde día a día beneficios sociales y su estilo de vida consumista.

Es cierto: no hay imperio en la historia que no haya gestado desde sus propias entrañas, su decadencia y desaparición.

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