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viernes, 17 de junio de 2011

Prohibir la fecundación in vitro, es como prohibir la implantación de una válvula artificial en el corazón.

¿Y quién osa discutirle a una pareja o a una mujer soltera su derecho a tener un hijo?

La historia da cuenta de la lucha humana por corregir mediante técnicas y procedimientos médicos los errores de la naturaleza.
El proceso evolutivo funciona así: si en la selva un cariblanco nace sin rabo, está en desventaja y condenado a muerte prematura. Al crecer, le será difícil alimentarse y la manada lo abandonará a su suerte. El error genético se pierde, no se transmite, porque ese cariblanco no podrá reproducirse.

Pero nosotros somos humanos y nuestro cerebro nos permite crear uno y mil recursos para que, en el caso de que alguien venga al mundo sin brazos, pueda sobrevivir, alimentarse y hasta reproducirse. ¿Seguimos? Lo mismo ocurre con los errores genéticos en distintos órganos como la visión, el intestino, el corazón, la piel…

¿Entonces, por qué no con la reproducción humana? Pues porque aquí empiezan a intervenir tabúes, fanatismos, creencias religiosas y hasta cálculos "electoreros". Es que el sexo está en el juego y la polítiquería también.
Para una pareja heterosexual que no desea tener hijos hay centenares de procedimientos, técnicas y medicamentos ya ampliamente aceptados. ¿Y las parejas que desean tener hijos y no pueden por cierto factor genético que puede corregirse con la fecundación in vitro? A esas les negamos el derecho a procrearse. También se lo negamos a las lesbianas que quieren tener un hijo y que de ninguna manera aceptarían tener sexo con un hombre.

¿Y quién osa discutirle a una pareja o a una mujer soltera su derecho a tener un hijo?

La fecundación in vitro no es más que una nueva técnica para corregir un error de la naturaleza, como lo es una válvula artificial para un corazón que se desarrolló con una defectuosa…¿Quién le negaría el derecho a una persona de implantarse una válvula artificial en el corazón o un marcapaso para salvar su vida?

Por eso negar el derecho a la fecundación in vitro es un odioso atentado contra los derechos humanos.

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